La lucha del joven Portefaix contra la bestia

Descripción de la lucha de los 7 niños de Villeret de Chanaleilles, hecha por el cura de la parroquia,
a petición del subdelegado del intendente del Languedoc en Mende.

Detalle de los estragos que la bestia feroz ha causado tanto en el Vivarais como en el Gévaudan, en Auvernia y en Rouergue.

El 12 de enero la bestia feroz atacó a cinco pequeños niños del pueblo de Villeret, parroquia de Chanaleilles. Los tres de más edad tenían alrededor de 11 años, los otros dos nada más que ocho y con ellos estaban dos niñas de más o menos su misma edad. Los niños cuidaban ganado en lo alto de una montaña; estaban armados cada uno con un bastón, a cuyo extremo habían añadido una cuchilla de hierro puntiaguda, de cuatro dedos de largo.

La bestia feroz los sorprendió y no se dieron cuenta hasta que estuvo cerca de ellos; se reagruparon lo más rápido posible y se pusieron a la defensiva. La bestia los rodeó dos o tres veces y finalmente se lanzó sobre unos de los niños más pequeños; los tres mayores se abalanzaron sobre ella y la pincharon varias veces sin poder atravesarle la piel. Sin embargo, a fuerza de acosarla, consiguieron hacerle soltar a su presa. Retrocedió dos pasos después de arrancar un trozo de la mejilla derecha del pequeño al que había agarrado y se comió delante de ellos ese pedazo de carne.

Poco después volvió a atacar a los niños con renovada furia; agarró por el brazo al más pequeño de todos y se lo llevó a la boca; uno de ellos, aterrorizado, propuso a los demás huir mientras devoraba al que acababa de agarrar, pero el mayor, llamado Portefaix, que siempre estaba al frente de los otros, les gritó que liberarían a su compañero o morirían con él.

Se pusieron a perseguir a la bestia y la empujaron hacia un pantano que estaba a cincuenta pasos y donde el terreno estaba tan blando que se hundió hasta el vientre; esto retrasó su paso y dio a los niños tiempo para alcanzarla. Como se habían dado cuenta de que no podían atravesarle la piel con su especie de picas, trataron de herirla en la cabeza y, sobre todo, en los ojos. Consiguieron darle varios golpes en la boca, que tenía continuamente abierta, pero nunca pudieron alcanzarle en los ojos. Durante esta lucha, la bestia mantuvo siempre al pequeño bajo su pata pero no tuvo tiempo de morderle, porque estaba demasiado ocupada esquivando los golpes que le lanzaban.

Finalmente, los niños la acosaron con tanta constancia y coraje que la obligaron a soltar a su presa por segunda vez, y el pequeño que se había llevado no sufrió otro mal que una herida en el brazo por el que le agarró y un pequeño rasguño en la cara. Como el pequeño grupo no dejaba de gritar con todas sus fuerzas, un hombre se acercó corriendo y se puso a gritar a su lado. La bestia, al escuchar a un nuevo enemigo, se irguió sobre sus patas traseras y, al darse cuenta de que el hombre venía hacia ella, emprendió la huida y se dirigió hacia un arroyo a media legua de allí. Tres hombres la vieron sumergirse, salir del agua y rodar durante un tiempo por la hierba. Después de lo cual tomó el camino de Mazel y devoró a un chico de 15 años de la parroquia de Grèzes en Gévaudan.

Descripción de la lucha sostenida por el pequeño Portefaix y sus compañeros contra la bestia feroz el 12 de enero de 1765

El doce de enero, siete niños de Villaret, parroquia de Chanaleilles, cinco chicos y dos niñas que cuidaban ganado en una de las montañas más altas del Gévaudan, fueron atacados por la bestia. Los cinco chicos eran: Jacques André Portefaix, de 12 años de edad y de 4 pies y 6 líneas de estatura; Jacques Couston, de 12 años y medio de edad, de 3 pies y 10 pulgadas de estatura; Jean Pic, de alrededor de 12 años de edad y de la misma estatura; Joseph Panafieu, de 8 años y medio de edad, de 3 pies y 5 pulgadas de estatura; Jean Veyrier, de 8 años de edad, de la misma estatura. Las dos niñas eran Madeleine Chausse, de 9 años de edad y Jeanne Gueffier.

Los niños estaban armados cada uno con un bastón a cuyo extremo habían añadido una cuchilla de hierro puntiaguda, la cual habían cubierto con una funda. No se apercibieron de la bestia hasta que estuvo junto a ellos. Se reagruparon lo más rápido posible, quitaron la funda de sus pequeñas armas, hicieron el signo de la cruz y se pusieron en posición defensiva. Portefaix, que les dirigía, se colocó delante con Coustou y Pic, que eran los más fuertes. Puso a las niñas en segunda fila; detrás de las niñas, Panafieu y Veyrier, que eran los más pequeños del grupo. La bestia fue hacia ellos y los rodeó varias veces : ellos giraron sobre sí mismos a su lado.

La bestia agarró por la garganta a Joseph Panafieu, uno de los más pequeños, que estaban en la parte de atrás. Los tres mayores se lanzaron sobre ella y la pincharon varias veces; no pudieron atravesarle la piel. Sin embargo, al repetir sus esfuerzos, consiguieron que soltara a su presa. Retrocedió dos pasos llevándose un trozo de la mejilla de derecha de Panafieu, que se comió delante de ellos.
A continuación, volvió a atacarles de nuevo con más furia y siempre rodeándolos; derribó con el hocico al más pequeño de los niños, que era Jean Veyrier. Portefaix, Coustou y Pic se lo alejaron y la bestia volvió sobre el niño y lo hirió de un mordisco en los labios; ellos la rechazaron nuevamente. Se lanzó sobre él por tercera vez, lo agarró con la boca por el brazo y se lo llevó.

Todo el grupo corrió detrás, animados por Portefaix, que, viendo que no podían alcanzarla, hizo ponerse a Coustou a un lado y se puso él mismo al otro, para obligar a la bestia a encaminarse hacia una ciénaga que estaba a 50 pasos de ellos, cosa que les vino bien. La bestia se atascó en la ciénaga hasta el punto de que se quedó detenida y los niños tuvieron tiempo de alcanzarla.

Uno de ellos, que al comienzo de la lucha se había defendido bien, perdió el valor en cuanto vio la sangre en la mejilla de Joseph Panafieu, su primo, y al pequeño Veyrier en las fauces de la bestia. Propuso a los demás huir y dejar que se comiera al que tenía atrapado. Pero Portefaix, corriendo al frente, les gritó que vinieran, que debían liberar a su compañero o morir con él. Y todos le siguieron, incluso aquel al que había arrancado un trozo de la mejilla. En cuanto alcanzó a la bestia, les dijo que no había que pincharla por detrás, ya que habían comprobado que no era posible atravesarla, sino que debían atacar a la cabeza y, sobre todo, a los ojos o a la boca, que tenía abierta continuamente. Le dieron varios golpes en la boca y la cabeza, pero nunca pudieron alcanzarle en los ojos.

Durante la lucha, la bestia mantuvo siempre bajo su pata al niño que había agarrado, pero no tuvo tiempo de morderle, al estar ocupada esquivando los golpes que trataban de alcanzarle en los ojos o en la boca, que tenía abierta continuamente. Entonces la bestia agarró con los dientes el arma del pequeño Portefaix, que quedó torcida. Tras el último golpe que él le dio, saltó hacia atrás, dejando al pequeño Veyrier en la ciénaga. En cuanto lo hubo soltado, Portefaix se colocó entre ambos, para que no pudiera volver a coger al niño, quien se levantó detrás de Portefaix y se agarró a su ropa. La bestia se retiró hacia un cerro. Los niños la persiguieron y la pusieron en fuga. Se ha verificado que el hombre del que se ha hablado en la primera relación no apareció hasta que la bestia estaba ya lejos.

Documento conservado en los archivos de Montpellier.

le combat de portefaix